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Una esperanza renovada para Líbano

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Una familia siria que escapó de Yabrud, llega a Arsal, Líbano. Hoy, alcanzando el 25% de su población, Líbano alberga a más refugiados de Siria que ningún otro país en el mundo. Foto: A. McConell / ACNUR

Las consecuencias de la crisis en Siria van mucho más allá de sus fronteras, y alcanzan a todos sus países vecinos. Sin embargo, los impactos no se han sentido en ningún lado como en Líbano, un país que aún se está recuperando de las heridas de su propia guerra civil.

La crisis ha afectado a Líbano de muchas formas: ha desacelerado su crecimiento económico, ha amplificado las divisiones sociales entre religiones y ha catalizado una parálisis política. Sin embargo, el impacto más dramático ha sido la llegada de más de un millón de refugiados de Siria, quienes hoy constituyen un cuarto de la población nacional. A la fecha, Líbano tiene la concentración per cápita de refugiados más alta del mundo.

Estos impactos combinados han reducido críticamente las oportunidades de Líbano de alcanzar sus objetivos de desarrollo. Incluso antes de que iniciase la crisis siria, Líbano tenía un desempeño mixto con respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, registrando un buen progreso en nutrición, salud y educación, pero quedándose atrás en objetivos clave como la reducción de la pobreza y la sostenibilidad ambiental.

La crisis ha exacerbado estas brechas – particularmente debido a que el 90% de los refugiados de Siria en Líbano viven en las comunidades más pobres del país.

La excepcional magnitud de esta situación ha impulsado a las Naciones Unidas a implementar una de sus operaciones de respuesta más grandes y complejas en el mundo. Esto con el objetivo de satisfacer las necesidades de los refugiados de Siria pero, igualmente importante, también de las comunidades que los acogen.

Un enfoque holístico

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, la naturaleza prolongada de la crisis acarrea riesgos de inestabilidad. Por ello, la ONU ha puesto la paz y la estabilización en el centro de su marco de trabajo en Líbano, haciendo un llamado a la comunidad internacional para complementar la asistencia humanitaria con un incremento en el soporte para el desarrollo.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, al reconocer explícitamente la íntima relación entre paz y desarrollo, ofrece un enfoque holístico para respaldar nuestro trabajo.

Una esperanza renovada

Los eventos políticos recientes ofrecen una esperanza renovada. Luego de dos años y medio de estancamiento, Líbano finalmente eligió un nuevo presidente el pasado octubre. Un nuevo Gabinete de unidad nacional se formó en diciembre. El Primer Ministro Saad Hariri ha hecho el compromiso de colocar la estabilización y el desarrollo incluso como una prioridad de su agenda de gobierno. En una reunión con el Sistema ONU, afirmó su convicción de que la mejor defensa contra la intolerancia y el extremismo violento es proveer oportunidades iguales a todas las personas. Además, solicitó el soporte del Sistema ONU para desarrollar una estrategia nacional para el desarrollo que esté alineada con los ODS.

Al mismo tiempo, el gobierno y las ONU han renovado su llamamiento a la comunidad internacional para responder a los impactos de la crisis en Siria, que requerirá de $2800 millones en 2017. Si esta cifra suena enorme, debemos recordar: una de cada cinco personas en Líbano es refugiada. Ningún otro país en el mundo enfrenta este desafío.

Luego de seis años de crisis en su país vecino, Líbano permanece en la primera línea de acción ante la peor crisis humanitaria de nuestro tiempo. El pueblo libanés ha demostrado compromiso y solidaridad excepcionales a las personas que huyen de los horrores de la guerra. Es nuestro deber colectivo brindarles soporte a ellos y ellas.

Texto original publicado en SDG UK

Luca Renda Blog post Países Árabes Líbano República Árabe Siria Desarrollo sostenible Respuesta a las crisis Recuperación económica

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