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Acidificación de los océanos: ¿qué es y cómo detenerla?

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La "receta" para revertir la acidificación del Océano consiste en avanzar hacia modelos de energía sostenible. Foto: PNUD

En anticipación a la Conferencia sobre los Océanos de las Naciones Unidas en junio, esta serie de blogs explora los temas vinculados al océano, los mares, los recursos marinos y la implementación del ODS 14: "Vida Submarina". Mira la serie completa

Química básica

Empecemos con algunos conceptos básicos de química. El agua puede ser ácida, básica o neutra. Cuanto mayor sea el nivel de hidrógeno, más ácida será la solución. Esta característica se cuantifica en el pH, que se expresa en una escala de 0 a 14.

Un pH inferior a 7 es ácido, uno de 7 es neutro y un pH por encima de 7 es básico.

Tomada en su conjunto, la superficie de los océanos tiene una gama básica de pH que va de 8.0 a 8.3. Los organismos marinos han evolucionado en un medio marino con ese pH y, por esa razón, están particularmente adaptados a ese entorno.

¿Cómo encaja aquí el cambio climático? 

Como consecuencia de la quema de combustibles fósiles a partir de la Revolución Industrial, los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera han pasado de 250 a 400 partes por millón. Al igual que con los otros gases en la atmósfera, el CO2 se mantiene mayormente en "equilibrio" con respecto a la superficie de los océanos, lo que quiere decir que se mantiene una armonía entre la cantidad de CO2 en los océanos y la que se encuentra en la atmósfera.

De hecho, debido a la alta capacidad de absorción de CO2 propia de los océanos, hay aproximadamente 60 veces más CO2 en los océanos que en la atmósfera.

La parte positiva de esto es que la atmósfera tiene 30 por ciento menos CO2 del que tendría si no fuera así, y esto mitiga en cierta medida el ritmo y el impacto del cambio climático; pero hay una parte negativa: al entrar en contacto con el agua, el CO2 reacciona inmediatamente con esta y se forma ácido carbónico. Si bien este se considera un ácido "débil", da lugar a mayor acidez en el medio marino. 

En un abrir y cerrar de ojos en términos geológicos, es decir, en los cerca de 150 años transcurridos desde la Revolución Industrial, el pH promedio en la superficie de los océanos ha descendido alrededor de 0.1 unidad. Este cambio aparentemente insignificante representa un aumento del 30 por ciento en la acidez de los océanos en comparación con la época preindustrial. 

Lo que es más, en un contexto habitual de quema de combustibles de origen fósil, la proyección es que el pH de los océanos disminuya entre 0.3 y 0.4 unidades más (a 7.6 o 7.7), para un aumento de la acidez equivalente a un 250 por ciento. El pH de los océanos no ha cambiado ni remotamente cerca de estos índices en por lo menos 25 millones de años, y seguramente nunca al ritmo actual en toda la historia del planeta.  

¿Cuáles son las implicaciones para la biodiversidad y los ecosistemas oceánicos?

En primer lugar, una parte considerable de la vida vegetal y animal de los océanos, desde el fitoplancton (que es la base de la cadena alimenticia marina) hasta los arrecifes de coral y una variedad de mariscos y moluscos forman sus conchas fijando calcio y carbonato del agua marina para formar carbonato de calcio. En la medida en que disminuye el pH del agua del mar disminuye drásticamente la disponibilidad de carbonato. Por debajo de ciertos niveles de pH se hace prácticamente imposible para estos organismos formar sus conchas y esqueletos.

En segundo lugar, la acidificación de los océanos puede debilitar una serie de procesos metabólicos de distintos organismos, desde la alimentación hasta la respiración, e incluso la reproducción. Si bien resulta casi imposible de predecir, hay pocas dudas de que, con un aumento del pH marino, los ecosistemas oceánicos serían menos productivos al tiempo que tendrían menor diversidad y resiliencia.

¿Qué se puede hacer?

En 2016, el “Acuerdo de París” adoptó medidas agresivas para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático.

Cada día vemos nuevos signos de progreso en este sentido, por ejemplo, en la medida en que sigue reduciéndose el costo de las fuentes de energía renovables y sus niveles anuales de instalación continúan superando los de los sistemas de energía con base en combustibles fósiles, pero aún queda mucho por hacer. En suma, la fórmula para revertir la acidificación de los océanos es la misma que para el cambio climático: emprender la transición lo antes posible a un modelo de eficiencia energética que se base principalmente en fuentes de energía renovable para impulsar la economía mundial. 

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