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Receta para acabar con el hambre: políticas alimentarias que se adapten al cambio climático

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Un hombre plantando árboles de té. Hojas verdes, árboles en el fondo.Sin más sistemas de alimentos resistentes al cambio climático, corremos el riesgo de desastres aún mayores y de revertir el progreso alcanzado en la reducción del hambre, la protección del planeta y el apoyo a las economías. Foto: PNUD Kenya

En esta época de consumo y excesos evidentes, nos da miedo saber que una de cada nueve personas, que equivale a 815 millones de niños, mujeres y hombres, siguen estando mal alimentados. Según informes recientes, esta situación ha empeorado, ya que la cantidad de personas desnutridas en el mundo ha pasado de 777 millones en 2015 a 815 millones en 2016.

¿Cómo conseguir entonces una receta para acabar con el hambre y la desnutrición para 2030, garantizando que todas las personas tengan acceso a suficientes alimentos nutritivos durante todo el año?

No va a ser fácil. El cambio climático está alterando las antiguas tradiciones agrícolas, lo que afecta los medios de vida de las comunidades locales y de los pequeños productores que ponen los alimentos en nuestras mesas. El cambio climático es causante de severas sequías e inundaciones que ponen en peligro nuestro objetivo mundial de hambre cero.

Incluso un aumento de 2°C en la temperatura mundial será devastador para los agricultores y para los 2.000 millones de bocas extra que tendremos que alimentar para 2050. El costo del maíz, alimento básico de la mayoría de las personas, podría aumentar en un 50 por ciento, y las cosechas podrían disminuir hasta en un 22 por ciento en África subsahariana. Las sequías, inundaciones y otras catástrofes a gran escala asociadas con el clima pondrán a más personas en riesgo de desnutrición, inanición y futuros inciertos.

Como cocineros que trabajamos con el Fondo de los ODS y como Embajadores de Buena Voluntad del PNUD, sabemos que los alimentos son los ingredientes esenciales en nuestra vida. Ellos nutren las mentes jóvenes, fortalecen los huesos e impulsan nuestras economías. En las pequeñas granjas del mundo, los alimentos y la agricultura son los principales motores del desarrollo y de la reducción de la pobreza. Sin más sistemas alimentarios resistentes al clima corremos el riesgo de pasar por mayores catástrofes y de detener el progreso alcanzado en la reducción del hambre, la protección de nuestro planeta y el apoyo a las economías en desarrollo para que alcancen todo su potencial.

Los principales perturbadores del clima, como las recientes inundaciones en Asia, los deslizamientos de tierra en Sierra Leona y los huracanes en el Caribe y los Estados Unidos causan muertes, destruyen los bienes productivos y las comunidades. Este ciclo de destrucción sólo empeorará a medida que aumenten las temperaturas y el nivel del mar. También pondrá en riesgo la agricultura, en especial para los pequeños agricultores pobres que dependen sobre todo de la lluvia para sus cosechas.

Como todos los buenos chefs, cuando creamos una receta pensamos en los ingredientes que podemos obtener localmente. Lo mismo sucede con la planificación de la adaptación al cambio climático y el camino para alcanzar el objetivo de hambre cero.

Mientras que los líderes mundiales se reunirán en noviembre en Bonn para discutir el Camino a París y recordar a la comunidad internacional la existencia del Acuerdo sobre el Cambio Climático, la mayor parte del trabajo se hará a nivel local, en las millones de pequeñas granjas que alimentan a nuestros países, en las salas de reuniones de las empresas que cambiarán sus modelos para adaptarse al cambio climático, y en los ámbitos políticos donde los líderes obtienen los fondos y el apoyo que necesitan para proteger a sus conciudadanos y sus economías de las inseguridades que cada vez más tienen su origen en el cambio del clima.

Todo comenzará con la capacitación. Los responsables locales de las políticas y los agricultores necesitan nuevas habilidades, herramientas y tecnologías para responder mejor al cambio climático. Estos ingredientes van más allá de las bombas de riego activadas por energía solar y las semillas resistentes a las sequías: es necesario tener prácticas agrícolas ecológicas, mejores relaciones con los mercados, y políticas y planes que ayuden a los agricultores a conseguir sistemas alimentarios productivos para alimentar a una población en aumento.

Manos con semillasComo todos los buenos cocinos, cuando diseñamos una receta, pensamos en los ingredientes locales que podemos encontrar. Es lo mismo para la planficiación de adaptación del cambio climático y nuestro camino a hambre cero. Foto: PNUD

Los responsables de la toma de decisiones tendrán que mirar más allá de la agricultura y tomar en cuenta los agentes que impactan la producción de alimentos, como la degradación del suelo, la erosión costera, la migración urbana y los mercados cambiantes. Con el fin de proteger nuestros alimentos, debemos considerar estos factores matizados y relacionados entre sí.

Los planes correctos tendrán una influencia sobre las políticas y presupuestos nacionales; habrá que pensar que son un menú de opciones. Cuando se les pongan en práctica correctamente, respaldarán las protecciones medioambientales y los objetivos nacionales para reducir las nocivas emisiones de gases de efecto invernadero. Ayudarán a garantizar que los niños tengan suficiente para comer y beber, que los padres puedan enviar a sus hijos a la escuela y economizar para el futuro, y que las comunidades puedan desarrollarse y prosperar.

Este ambicioso menú combina diferentes recetas e ingredientes obtenidos localmente en todo el mundo.

Los líderes mundiales están tratando de alcanzar sistemas alimentarios más resistentes al clima y de apoyar a los agricultores a través de la implementación de Planes Nacionales de Adaptación. Todos los que estén interesados en saber más acerca de las relaciones entre el cambio climático, la agricultura y la seguridad alimentaria, y el rol de esos planes pueden consultar el próximo curso virtual del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). A través de este tipo de aprendizaje tendremos la oportunidad de relacionar los motores que impactan la producción de alimentos con las políticas, planes y procedimientos que tendremos que adaptar en lo relativo al modo en que cosechamos los alimentos.

El poner fin al hambre sigue siendo un objetivo ambicioso, pero podemos ayudar a alcanzarlo, de granja en granja. Comencemos dando a los agricultores las semillas, políticas y apoyo que necesitan para adaptarse al cambio climático. Nuestros hijos y nuestro planeta lo merecen.

Joan, Josep and Jordi Roca Blog post Desarrollo sostenible Seguridad alimentaria Reducción de la pobreza y la desigualdad Cambio climático y reducción del riesgo de desastres Cambio climático Roca brothers

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