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La ayuda humanitaria, la recuperación y el desarrollo deben ir de la mano

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Una fábrica de artículos de metal en Kramatorsk provee empleos críticos a personas desplazadas y trabajadores locales luego de ser reconstruida con el co-financiamiento del PNUD Foto: PNUD Ucrania

El conflicto en Ucrania es, sin duda, una crisis humanitaria. Casi 10.000 personas han muerto en la zona oriental del país en este conflicto; de entre ellas, unas 2.000  eran civiles y otras 22.000 han resultado heridas. Millones de individuos son desplazados y viven peligrosamente cerca del conflicto. Esta crisis ha afectado a millones de personas, a pesar de los reiterados llamamientos a un alto al fuego.

Sin embargo, el conflicto en Ucrania es también una crisis de desarrollo y el impacto puede ser devastador a largo plazo.

La infraestructura básica se somete a una presión enorme, lo que puede conducir a un declive económico y debilitar la prestación de servicios sociales esenciales.

Si no atendemos estos desafíos, los efectos del conflicto podrían empeorar drásticamente, y afectarán desproporcionadamente a los ancianos, las personas con discapacidad y en situación de pobreza, las mujeres y los jóvenes.

Tomemos, por ejemplo, el agua. En la región de Donbas, 95% de los recursos hídricos son administrados por una sola empresa comunal. En 2016, una de sus estaciones de bombeo de agua clave fue alcanzada por proyectiles que causaron grandes daños. Millones de personas se enfrentaban a interrupciones potencialmente devastadoras del suministro principal de agua potable.

No obstante, con la ayuda financiera de Japón, pudimos ofrecer asistencia para efectuar las reparaciones y asegurar el abastecimiento de agua para alrededor de 3,5 millones de personas en ambas partes de la zona del conflicto.

Está claro que no tenemos que elegir las necesidades humanitarias en lugar de las preocupaciones de desarrollo, o las preocupaciones de desarrollo en vez de las necesidades humanitarias. Ambas van con frecuencia de la mano y es algo más que la simple suma de sus partes.

Por ejemplo, la asistencia humanitaria a las víctimas en los refugios incluye la distribución de materiales básicos de construcción. Esto podría complementarse con métodos basados en mano de obra o programas de trabajo a cambio de dinero en efectivo, que aumenten tanto el empleo como los ingresos de las comunidades atrapadas en el conflicto.

Otro ejemplo radica en la distribución de alimentos por las organizaciones humanitarias. Esos alimentos pueden ser suministrados por las granjas y otras empresas locales, y a la vez ayudar a crear oportunidades de empleo y mejorar los ingresos de los agricultores, así como establecer cadenas de distribución que contribuyan a una recuperación económica local.

Las transferencias de efectivo de ayuda humanitaria pueden complementarse con planes de desarrollo empresarial que ayuden y estabilicen a las comunidades que sufren fuertes perturbaciones sociales y económicas. Esto permite que las economías locales se diversifiquen a lo largo del tiempo.

Estos enfoques de desarrollo humanitario ayudarán a reducir la dependencia de la ayuda, al tiempo que  fomentan la resiliencia necesaria.

El PNUD está poniendo en práctica este enfoque en la región de Donbas: nuestro programa de cofinanciación ayudó a crear 950 nuevos puestos de trabajo en menos de un año, lo que a su vez ayudó a la reconstrucción y sentó las bases para un nuevo crecimiento económico.

Uno de nuestros beneficiarios fue una fábrica de producción de artículos de metal. Una vez más con la financiación de Japón, la fábrica fue totalmente reconstruida tras su cierre por los intensos combates, y ahora proporciona empleos a los desplazados y trabajadores locales, además de suministrar importantes materiales de construcción.

El PNUD ha estado a la vanguardia de los esfuerzos de desarrollo que apoyan a la población de Ucrania no sólo en este momento, sino también durante mucho tiempo. Necesitamos que la comunidad internacional siga apoyando estos esfuerzos.

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