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El Estado de derecho y la violencia sexual en contextos de conflicto y post conflicto

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Foto: Caroline Trutmann / PNUD Guatemala

Entre 1960 y 1996, Guatemala sufrió un enfrentamiento armado interno durante el cual se cometieron de forma sistemática y generalizada graves violaciones a los derechos humanos.

La Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) auspiciada por Naciones Unidas, registró un total de 200.000 víctimas de graves violaciones a los derechos humanos, concluyendo que el 83% de las víctimas pertenecía a pueblos indígenas mayas.

La CEH estableció que, además de todas las formas de violación a los derechos humanos, las mujeres sufrieron formas específicas de violencia de género. La forma más común de violencia fue la violación sexual. Las niñas y las mujeres indígenas de las áreas rurales fueron las más agredidas. Según la CEH,  88,7% de las víctimas de violación sexual pertenecían a grupos Maya; 62% entre 18 y 60 años, 35% niñas y 3% ancianas.  El 29 de diciembre de 1996 se firmó en Guatemala la paz firme y duradera.

Si bien han habido avances en la implementación de la agenda de la Paz, unos de los grupos cuyos derechos continúan más rezagados son las mujeres.

En todo el mundo, miles de mujeres han sido víctimas de violencia sexual en situaciones de conflicto armado. La violencia sexual en estos contextos se configura como un instrumento de degradación de las víctimas desde su identidad sexual y una forma de violencia hacia la comunidad a través del daño a la intimidad de las mujeres. En condiciones de guerra los efectos son mucho más devastadores, pues el tejido social está roto y se lleva la condición humana en un estado límite de extrema vulnerabilidad.

En Guatemala, durante muchos años la violencia sexual ha sido una dimensión oculta de la guerra. En la década de los 80, un grupo de 15 mujeres Q’échí de la aldea de Sepur Zarco, en el nororiente del país, fueron abusadas sexualmente, explotadas laboralmente y mantenidas como esclavas en un destacamento militar, luego de que sus esposos fueran asesinados o desaparecidos.

Para conseguir justicia, las mujeres indígenas tuvieron que agruparse, organizarse y animarse a hablar. Un proceso nada fácil que contó con el acompañamiento de varias organizaciones mujeres que en 2009 unieron fuerzas para formar la Alianza Rompiendo el Silencio y la Impunidad. El trabajo de acompañamiento comunitario se complementó con un trabajo de asesoría legal y acompañamiento psicosocial para apoyar a las mujeres a llevar el caso antes la justicia penal formal.

El 26 de febrero de 2016, las mujeres de Sepur Zarco obtuvieron una sentencia condenatoria, que por primera vez en la historia del país y uno de los pocos en el mundo, juzga crímenes de deberes contra la humanidad en la forma de violencia sexual, esclavitud doméstica y esclavitud sexual, condenando a los dos acusados a 120 y 240 años de cárcel.

La sentencia Sepur Zarco es significativa también desde la perspectiva de la reparación.  El Tribunal  ordenó que se construyera un centro de salud; que se mejoraran las escuelas de la región; que los militares recibieran formación en derechos humanos y prevención de la violencia contra las mujeres; que la sentencia del caso de Sepur Zarco se tradujera a los veinticuatro  idiomas mayas y que en la Municipalidad del Estor se construyera un monumento que represente la búsqueda de justicia de las mujeres de Sepur Zarco.

Desde el 2010 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Guatemala ha venido acompañando el desarrollo de capacidades del Estado y de la sociedad civil para el ejercicio integral de los derechos a la verdad, justicia y reparación y no repetición para las víctimas del enfrentamiento armado en el marco del fortalecimiento.

Es un tiempo de oportunidades para Guatemala para una profundización en la democracia y el imperio de la ley, así como para encontrar nuevos consensos sobre el futuro del país para la renovación del esquema del estado de derecho, lo cual representa una oportunidad concreta para avanzar en el camino hacia la consolidación de la paz.

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