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¿Qué impulsa a los jóvenes al extremismo violento?

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 El extremismo violento constituye la principal amenaza que acompaña a África en su firme senda hacia el progreso. En Kenia, el programa de consolidación de la paz y solución de conflictos se orienta a la juventud. Foto: PNUD en Kenya

En esta serie de blogs relativa a la Cumbre Humanitaria Mundial, los especialistas y expertos del PNUD comparten sus experiencias y opiniones sobre cómo abordar los conflictos y desastres.

Mohamed es carpintero y vive en un pequeño pueblo de pescadores en la costa de Kenia. El pasado mes de abril, mientras veía el noticiario de la noche, reconoció en una fotografía al segundo de sus cinco hijos, Suleiman, de 24 años, junto a otros seis jóvenes identificados como miembros del peligroso grupo Al-Shabaab, por quienes se ofrecía una recompensa.

Unos meses después, Suleiman figuraba entre los cuatro sospechosos de Al-Shabaab fallecidos durante un tiroteo entre la policía.

Según Mohamed, su hijo era un joven respetuoso y dinámico, que se negaba a vivir en condiciones de pobreza impuestas por el lugar donde vivía. Tras algunos reveses personales, a los 22 años Suleiman decidió salir no solo de su pueblo, sino también de su país.

El joven se mudó a Mombasa en busca de oportunidades. Su padre afirma que ahí fue donde sus carencias   adoptaron tintes políticos y religiosos.

En ese entonces, Mombasa se estaba convirtiendo en el centro de prédicas radicales, que tejían convincentes historias sobre un complot mundial contra los musulmanes. Estas ideas dieron rienda suelta a la imaginación de muchos jóvenes musulmanes, ansiosos por superar sus privaciones y encontrar sentido a sus vidas. Los musulmanes radicales imponían un nuevo orden moral que fomentaba la enemistad y la matanza de inocentes.

La pregunta es por qué Suleiman formó parte de un grupo extremista violento, combatió contra su propio pueblo y estuvo dispuesto a matar civiles.

Aunque cada individuo es responsable de sus actos y capaz de juzgar sin caer en la manipulación, también es cierto que los factores socioeconómicos desempeñan un papel clave en el fomento del extremismo violento, como la exclusión, la injusticia, la gobernanza deficiente y el desempleo. No es mera coincidencia que los grupos extremistas recluten una cantidad desproporcionada de jóvenes procedentes de las regiones menos favorecidas.

El extremismo violento constituye la principal amenaza que acompaña a África en su firme senda hacia el progreso. Según los datos del PNUD, más de 33.000 africanos han fallecido en los últimos cinco años y existen más de 1,2 millones de personas desplazadas a causa de este flagelo. En tal contexto, el desarrollo sostenible es casi imposible y lo logrado tras años de esfuerzo puede desvanecer sin más.

Los pobres cargan con el peso de la violencia. Los grupos extremistas atacan espacios públicos como mercados y estaciones de autobuses, obligando a la población a tomar una difícil decisión: arriesgar su vida para ir a trabajar o arriesgar la supervivencia económica de sus familias.

La respuesta de la comunidad internacional se ha basado en un enfoque centrado en la seguridad, los resultados para reducir la expansión del extremismo violento han sido mínimos y, en algunos casos, incluso se ha agravado el problema que busca solucionar.

El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, hizo un llamamiento recientemente para tomar acciones internacionales concertadas, en el marco del Plan de Acción para Prevenir el Extremismo Violento, que van desde tener en cuenta las causas subyacentes del extremismo hasta reforzar las medidas de seguridad, las instituciones y el respeto por los derechos humanos.

En última instancia, las lecciones que hemos aprendido durante más de una década sobre cómo responder al extremismo violento, nos indican que es hora de pensar distinto si queremos detener y revertir su avance, no solo en África, sino en todo el mundo entero.

La historia de Suleiman nos hace reflexionar sobre las razones por las que los jóvenes se involucran en el extremismo. Si Suleiman hubiera sido capaz de concretar su objetivo de mejorar las condiciones de vida para él y su familia, quizá no habría buscado encontrar sentido a su vida mediante el fanatismo.

La versión completa de este blog se publicó en Al-Jazeera. Leer aquí.

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