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Acuerdo de París: el potencial de la transparencia

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En París se acordó la creación de un registro público de NDC en la primera mitad de 2016, con la misión de reunir todas las contribuciones a la acción climática global. Foto: PNUD Guatemala

¡Se logró! COP21 concluyó con la adopción del primer acuerdo de alcance universal para combatir el cambio climático. Un pacto que debe permitir que contengamos el calentamiento global “muy por debajo de los 2°C”, nos adaptemos mejor a sus efectos y que los flujos de financiamiento climático hacia los países en desarrollo sean más eficaces. Y algo bien novedoso: compromete a los países a rendir cuentas de manera pública y estandarizada acerca de todo lo que hacen para combatir el cambio climático a nivel nacional.

El nuevo acuerdo climático mundial no impone cuotas de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) o planes de adaptación concretos. Al contrario: recae directamente sobre los compromisos que cada uno de los países decide asumir de manera interna –las llamadas contribuciones previstas determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés) –. Es por la suma de todas ellas que debe conseguirse el objetivo global fijado: los 2°C.

Pero ¿cómo sabremos en qué punto del camino nos encontramos?  

El Acuerdo de París obliga a los países a publicar una NDC cada cinco años, que debe ser a cada vez más ambiciosa que la precedente. En sus NDC, los Estados deben expresar qué acciones llevan a cabo y prevén desarrollar para mitigar el cambio climático y adaptarse a él. Además, deberán hacer públicos sus inventarios nacionales de GEI y proveer la información necesaria para evaluar los progresos en la implementación de sus contribuciones.

La transparencia jugará un rol central. En París se acordó la creación de un registro público de NDC en la primera mitad de 2016, con la misión de reunir todas las contribuciones a la acción climática global. En base a ello, un balance mundial sobre qué suponen todas las NDC en su conjunto y cuánto nos acercan o alejan del objetivo de los 2°C se publicará cada cinco años, a partir de 2018.

Ello nos ayudará a medir la verdadera ambición de la actuación de los países respecto al cambio climático. El carácter público del registro nos permitirá saber quién está haciendo qué y de qué manera, así como qué países están siendo más efectivos en el cumplimiento de sus NDC.

Tenemos las herramientas necesarias para ver qué hacen los dirigentes de nuestros países ante el cambio climático, poder valorar esa información e incorporarla al ejercicio de nuestros derechos y obligaciones como ciudadanas y ciudadanos.  

A estas alturas de siglo, el acceso a internet se generaliza; por ejemplo en Chile, el 72,4% de la población se conecta a diario a la red. La información fluye con mayor facilidad que nunca antes. El registro público de las NDC será cada vez más accesible desde más puntos del planeta.

La herramienta de la transparencia que el Acuerdo de París promueve puede apoyar un cambio en la relación entre ciudadanía y poderes públicos en torno al cambio climático. En la práctica, falta por concretarse su implementación. Es importante que la herramienta sea entendible y accesible para cualquier persona interesada y no solamente para los expertos. Además, debe considerarse desde un principio que los datos sean publicados en formatos abiertos y reutilizables para que las organizaciones sociales puedan realizar un control de las NDC.

Las perspectivas, no obstante, parecen positivas para Latinoamérica. Las negociaciones para crear un mecanismo regional para la implementación del Principio 10 de la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo (1992), que aboga por el derecho a un acceso adecuado a la información pública sobre el medio ambiente para favorecer la participación ciudadana y la concientización social, deben concluir pronto. Aprovechar el impulso para el futuro inmediato que supone al respecto el Acuerdo de París es clave. Y el potencial está abierto. 

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