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"No tengo miedo de hablar"

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Luego de 20 años de silencio, la productora de televisión Dina Tansari ha decidido contar su historia, marcada por una agresión sexual en su juventud.

Durante los últimos meses, he sido testigo de cómo las mujeres kazajas están rompiendo el silencio que rodea a la violencia sexual.

Gracias a una campaña titulada #ЯнеБоюсьСказать (No tengo miedo de hablar) y НеМолчи (No te quedes callada), numerosas mujeres están compartiendo sus historias. Una de ellas es Dina Tansari (fotografía), una reconocida productora de televisión.

“…Estaba inconsciente. Me dejaron frente a mi apartamento, tocaron el timbre y escaparon. Por la mañana no recordaba nada, excepto los gritos de mi madre cuando me encontró...”, escribió en su muro de Facebook.

Dina ha podido hablar después de dos décadas de silencio angustiante.

Cuando tenía 20 años, sus propios compañeros de clase la drogaron en una boda y la violaron en grupo. Su madre le rentó un apartamento fuera de la ciudad cuando se enteró de este episodio, pues no toleraba la vergüenza que supuestamente su hija había traído a la familia. Dina quedó sola con su tragedia.

La campaña #IamNotAfraidtoTell (No tengo miedo de hablar) fue inaugurada por la periodista ucraniana Anastasiya Melnichenko. La velocidad con la que se esparció en todas las redes sociales de habla rusa es sorprendente.

Luego de leer muchas historias como esta, decidí analizar con más detenimiento las estadísticas oficiales sobre violencia contra las mujeres en Kazajstán.

La última información disponible del Comité de Estadísticas del Ministerio de Economía Nacional muestra que en 2014 se cometieron 341.291 delitos, de los cuales más de una tercera parte eran delitos de violencia contra las mujeres.

En general, los datos proporcionados por los centros de crisis, el Ministerio de Asuntos Internos y la Oficina del Fiscal General tienen muchas discrepancias sobre la violencia doméstica.

Lo que sí sabemos es que durante el primer semestre de 2016, 315 mujeres se quitaron la vida en Kazajstán. Según el Fiscal General, la mayoría de estos casos guardan una relación directa con la violencia doméstica.

Aun si tuviéramos más estadísticas disponibles, probablemente no lograríamos captar toda la magnitud del problema, pues muchos casos, como el de Dina, no se denuncian.

¿Qué podemos hacer para cambiar este patrón?

Una encuesta efectuada por PNUD Kazajstán nos mostró que las mujeres que han experimentado violencia necesitan recibir rehabilitación psicológica, asistencia jurídica y apoyo para la prevención de la violencia. Por ello, estamos colaborando con el Ministerio de Asuntos Internos de Kazajstán para forjar una red de centros de crisis y refugios para las sobrevivientes de violencia doméstica.

No obstante, este trabajo debe ser complementado con iniciativas orientadas a alcanzar la igualdad de género a una escala más amplia.

En Kazajstán, las mujeres actualmente administran más del 40% de las pequeñas y medianas empresas y representan el 27,1% de los representantes parlamentarios, un porcentaje que se ubica por encima del promedio mundial de 22,1%.

Sin embargo, nos queda mucho camino por recorrer hasta lograr una sociedad con igualdad entre mujeres y hombres.

Es por ello que estamos proporcionando a las mujeres, en especial a aquellas de zonas rurales, acceso a las oportunidades económicas. El acceso a un ingreso propio les otorga a las mujeres la posibilidad de tomar decisiones de manera independiente en áreas como el matrimonio, el modo de vida y el trabajo. Les ayuda además a sentirse más seguras al momento de denunciar casos de agresión sexual y violencia doméstica ante las autoridades.

Dina comenta que su experiencia personal puede llevar esperanza a otras mujeres y que está abocada ahora a establecer un centro de crisis para otras sobrevivientes de violencia.

“No quiero que esta historia sea solo otro relato sobre la violencia sexual. Y no quiero que se vea como un caso de desesperación absoluta, pues existe un costado esperanzador en todo esto”.

Como organizaciones para el desarrollo, y como mujeres, podemos honrar ese deseo de muchas formas distintas. Solo tenemos que estar dispuestas a hablar y adoptar una actitud firme.

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