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No podremos erradicar la pobreza si no enfrentamos el cambio climático primero

 Los 50 países menos desarrollados contribuyen con el 1% de emisiones GEI, pero experimentarán el 99% de los impactos negativos del cambio climático. Foto: Madi Robson / Freestate

Este artículo fue producido a través de una colaboración entre el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Coalición de Escritores Éticos. Todas las cifras fueron provistas por el PNUD.

Es casi 2017. Ha pasado una década desde el documental de Al Gore, “Una verdad inconveniente”. La temperatura global ha alcanzado picos históricos. El hielo ártico se está derritiendo a una velocidad sin precedentes. El clima extremo azota todos los rincones del planeta. El cambio climático es un problema real y urgente que afecta a todos los ciudadanos globales.

Debo admitirlo: No siempre me ha importado mucho el ambiente. Mi camino hacia el consumo responsable estuvo impulsado muchísimo más por la forma en la que nuestro estilo de vida afecta a otras personas: víctimas de trata, trabajo forzoso y cadenas de producción con condiciones semejantes a la esclavitud. El impacto que lo que consumimos tiene en el medio ambiente era una segunda prioridad para mí, como puede serlo para muchos de ustedes.

Quizás es porque lo sentía como un problema distante, uno sobre el cual tenía muy poco control. Teóricamente, ninguna persona es afectada directamente por mi decisión de no comprar botellas de plástico y de un solo uso, o al menos no de la misma forma en la que son afectadas cuando compro un abrigo hecho en una planta explotadora. Pero estaba enfocando el problema de manera equivocada.

No tardé mucho en darme cuenta de lo intricadamente conectado que estaba todo. Nuestro cómodo estilo de vida en el mundo desarrollado tiene un impacto en el bienestar de personas en todo el mundo. Nuestras acciones diarias impactan a las personas que viven en pobreza en India. La forma en la que enfrentamos el cambio climático afecta negativamente a las comunidades de Haití. Por ello, no puedo decir que me importan las personas del mundo que están atrapadas en la pobreza y vulnerables a la trata sin preocuparme profundamente por el ambiente.

Déjenme decirlo de nuevo: No pueden importante las personas si no te importa el medio ambiente. Simplemente no puedes resolver uno de estos problemas sin enfrentar el otro.

El problema de la pobreza

Todos sabemos que la pobreza es uno de los problemas más grandes del mundo, y lo ha sido por mucho tiempo. No es solo un obstáculo en sí misma, sino que se vincula a muchos otros: hambre e inseguridad alimentaria, enfermedades, falta de educación, violencia, trata de personas y trabajo forzoso, violencia contra las mujeres, y desigualdad. No creo que exista muchas formas de rebatir el hecho de que si pudiésemos solucionar el problema de la pobreza, solucionaríamos al mismo tiempo muchísimos otros temas. Es por ello que es tan importante entender el vínculo entre clima y pobreza.

 

 Foto: Karsten Wiirth / Freestate

 

¿Cómo está todo conectado?

El clima extremo es uno de los resultados más inmediatos y visibles del cambio climático, no solo para quienes viven en pobreza, sino para todas las personas. Tsunamis, tormentas tropicales e inundaciones se harán cada vez más comunes alrededor del mundo. De hecho, la pérdida anual vinculada a desastres se estima en miles de millones de dólares, y requieren una inversión de US$ 6 mil millones en gestión de riesgos cada año.

Los cambios en el clima y sus fenómenos extremos nos deberían preocupar a todos y todas. Yo vivo en Cincinnati, Ohio (lejos de océanos y grandes cuerpos de agua), y a comienzos de año, las intensas lluvias hicieron que muchas personas que conozco perdieran sus hogares debido a inundaciones. Y aunque esto es terrible, peligroso y terrorífico para mi comunidad, tenemos seguros que pagaran por nuestras nuevas viviendas. Tenemos cuentas de ahorro para costear reparaciones. No perderemos nuestros trabajos o medios de vida debido a los daños del agua. Tenemos carros para evacuar rápido si necesitamos hacerlo. Dinero y tarjetas de crédito para pagar hoteles y comida en una emergencia. Y podemos fácilmente conseguir ayuda de otras personas si la requerimos.

Las personas que viven en pobreza no tienen nada de esto. Así que cuando el clima extremo llega, cualquier progreso logrado para salir de la miseria desaparece. Según el PNUD, quienes viven entre US$1.25 y US$4 al día son los más vulnerables a recaer en la pobreza extrema ante fenómenos climáticos. Se estima que para 2020, los países más pobres necesitarán alrededor de $100 mil millones al año para poder adaptarse y mitigar los impactos del cambio climático. Esos son $100 mil millones que podrían utilizarse para mejorar sus condiciones de vida.

En Bangladesh, por ejemplo, las comunidades coseras se enfrentan a amenazas como ciclones, inundaciones y a la elevación del nivel del mar. Esto no solo está elevando los índices de mortalidad y las pérdidas económicas, sino también el número de personas que viven en pobreza. Para ayudar a combatir la inseguridad alimentaria, montículos elevados se están construyendo para proteger los cultivos.

Pero no es solo el clima extremo lo que puede empujar a una persona a la pobreza. Los cambios en las temperaturas mundiales están contribuyendo a la expansión del dengue, la malaria, y otras enfermedades infecciosas, especialmente en las zonas urbanas de bajos ingresos. La escasez hídrica y alimenticia son amenazas extremas que vienen junto al cambio climático.

En Honduras, donde el 57% de los hogares vive por debajo de la línea de la pobreza, la población enfrenta frecuentemente escasez de agua, ya que solo la mitad del agua que necesitan recorre sus cuencas. El problema hídrico se complicará aún más debido al cambio climático.

Entonces, ¿Qué podemos hacer?

El PNUD está trabajando para mitigar los efectos que el cambio climático tiene en las naciones de menos ingresos y ayudarlos a prevenir mayores pérdidas cuando se enfrenten a condiciones climáticas extremas. Un punto clave de su estrategia es desarrollar prácticas de agricultura resiliente, en países desarrollados y en desarrollo. Además, contribuye a educar a las comunidades para que puedan gestionar de manera más efectiva el riesgo de desastres, y empoderándolas para que puedan identificar y desarrollar nuevas soluciones a nivel local. Estimular las medianas y pequeñas empresas también es una medida importante para permitir que más personas salgan de la pobreza. Y un punto clave de su trabajo es involucrar a todos los niveles de gobierno en el desarrollo de planes, políticas y estrategias integradas para enfrentar los riesgos climáticos.

Pero, por supuesto, no es solo responsabilidad del PNUD, las personas vulnerables o los gobiernos de estas naciones arreglar este problema. No, especialmente, cuando es debido a los países más desarrollados que están en esa situación en primer lugar. Los países en desarrollo experimentarán 99% de las consecuencias negativas del cambio climático, aunque las 50 naciones menos desarrolladas contribuyen solo con 1% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Para mí, eso es la más cruda definición de injusticia.

Así que si no te importaba el ambiente antes, este es el momento de empezar. Sé que puede ser costoso, no es conveniente, te puede hacer sentir culpable. Sé que desde la comodidad de nuestras salas, no parece un problema urgente. Sin embargo, las personas en Bangladesh, Honduras, Haití y decenas de países no opinan lo mismo.

Así que inicia con pequeños pasos. Comienza con una conversación, investigando, y conociendo un poco más sobre el tema. Comienza a reciclar y a manejar un poco menos cada semana. Podemos lograrlo juntos, cada uno de nosotros realizando pequeños cambios para reducir nuestra huella de carbono y abogando por cambios en política. Nuestro mundo, y todas las personas que lo llaman casa, dependen de esto.

Artículo publicado originalmente en Freestate.

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