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De un año de esperanza a un año de acción: el rol de la comunidad humanitaria internacional en 2016

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El imponente progreso en La Habana ha sido acompañado por un pronunciado desescalamiento del conflicto en Colombia. Foto: PNUD Colombia

En diciembre 15 del 2015 un anuncio histórico llegó de La Habana. El Gobierno Colombiano y las FARC-EP lograron un acuerdo final sobre el punto hasta ahora más complicado de la agenda de paz: el acuerdo sobre verdad, justicia, reparación y no repetición a las víctimas del conflicto. Con un acuerdo que muchos expertos internacionales describen como el más progresivo en salir de un proceso de paz, los diálogos de La Habana han cumplido en su compromiso de poner a las víctimas en el centro de las negociaciones. Ningún acuerdo en el mundo ha puesto tanto énfasis en las victimas o se ha embarcado en un compromiso tan comprensivo para satisfacer sus derechos.

Este acuerdo ha logrado lo que por años fue tan solo una esperanza para el país. El alentador progreso en La Habana ha sido acompañado por un pronunciado desescalamiento del conflicto en Colombia, especialmente desde que en Julio 20 del 2015 las FARC-EP entraron en un cese al fuego unilateral. El número de nuevos desplazados en eventos masivos se redujo en casi una tercera parte desde el inicio de los diálogos de paz; las masacres por dos terceras partes.

En este contexto cada vez más esperanzador, la comunidad internacional humanitaria ha continuado su asistencia a víctimas del conflicto, a afectados por desastres naturales y a aquellos que sufrieron por otro tipo de emergencia humanitaria. En septiembre del 2015, cambios inesperados en las políticas migratorias y fronterizas de Venezuela llevó al cruce repentino de 22.000 colombianos de vuelta a su país, la mayoría con altas necesidades humanitarias. La comunidad humanitaria internacional complementó y apoyó los esfuerzos estatales que se llevaron a cabo para responder a esta crisis. El impacto de El Niño también continuó haciéndose sentir con más de 550.000 personas afectadas principalmente por inundaciones, sequías e incendios forestales.

El 2015 fue entonces un año activo para la comunidad humanitaria internacional. No obstante, el 2016 implicará un enfoque renovado en la acción humanitaria. La esperanza acumulada en el 2015 muy probablemente culminará en un acuerdo final de paz en el primer semestre del 2016. Los puntos negociados en La Habana tendrán que empezar a materializarse en Colombia. Esto requerirá – a la medida que nuestros socios nacionales así lo deseen – el respaldo diligente y eficaz de la comunidad humanitaria internacional.  

Para creer que la paz es posible, los habitantes de las regiones más afectadas por el conflicto necesitan empezar a ver mejoras tangibles en su seguridad. Si eso no se da, el proceso de paz puede estar en riesgo de perder apoyo ciudadano. Es claro, sin embargo, que las negociaciones con las FARC-EP no terminarán con la violencia armada en Colombia en su totalidad. Otros actores como el ELN, el EPL y otros grupos que surgieron tras la desmovilización de las fuerzas paramilitares continuarán generando necesidades humanitarias. Su ofensiva podría hasta incrementar en áreas donde decidan competir por apoderarse de las económicas ilícitas o de adueñarse de territorios previamente controlados por las FARC-EP.

La presencia de organizaciones humanitaria puede mitigar el escalamiento de nuevas violencias y contribuir a proteger a civiles en esta fase delicada de transición. La experiencia y conocimiento de los actores humanitarios también podrían facilitar la entrada coordinada y efectiva de actores de desarrollo y construcción de paz en regiones afectadas por el conflicto, incluido aquella del Estado civil en lugares donde está actualmente es débil. Por último, la presencia de terreno y el acceso de la comunidad internacional la pone en una posición idónea para proveer información imparcial y puntual sobre nuevos riesgos de protección: información que es fundamental para una fase inmediata de estabilización.

La firma de un acuerdo de paz con las FARC-EP y los prospectos de lograr lo mismo con el ELN, representa el mejor y más efectivo camino para reducir la violencia y sus consecuencias humanitarias en Colombia de manera sustancial y sostenible. Depende de todos nosotros asegurar que esta oportunidad, que se abre una vez en cada generación, no se desperdicie. En una coyuntura mundial con múltiples crisis humanitarias, con un récord de 20.1 billones de dólares requeridos de fondos internacionales, asegurar una atención adecuada para Colombia no será fácil. La desaceleración económica en el país también limitará la capacidad de movilizar recursos internos. Colombia es un país donde, al contrario de todos, la mayor parte de la respuesta humanitaria es financiada y provista por la nación. De cara a estas limitaciones, los organismos humanitarios deben enfocar sus intervenciones en el desarrollo de sus capacidades institucionales y en su poder de crear alianzas con actores nacionales. Transformar la asistencia en soluciones de largo plazo, especialmente para la población desplazada, es clave para el país.

La comunidad humanitaria internacional está bien posicionada para contribuir a la construcción de la paz de Colombia. Construyendo sobre el conocimiento y las redes que ha acumulado por décadas de trabajo con las comunidades más vulnerables, ahora debe reenfocar sus esfuerzos para convertir esperanza en acción y acción en paz sostenible.

Artículo publicado originalmente en Revista Humanum Colombia y en el Boletin no. 33 del 30 de Noviembre 2015 de OCHA. Para mayor información contacte a Chiara Capozio a capozio@un.org.

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