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No hay gloria en la prohibición del voto femenino

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Mujeres votan en LahoreMujeres pakistaníes ejercen su derecho a voto en Lahore. Foto: PNUD Pakistán

El 30 de mayo, los habitantes de Khyber Pakhtunkhwa, Pakistán, acudieron a las urnas a ejercer el derecho democrático, reivindicado con tanto esfuerzo, de elegir a sus líderes locales.

Sin embargo, aparecieron artículos en la prensa sobre candidatos, ancianos de la comunidad, y líderes religiosos que conspiraban para prohibir el voto femenino.  En una elección parcial anterior, los medios de comunicación locales informaron que de 47.280 mujeres registradas en el padrón electoral, ninguna  había emitido su voto debido a la decisión de los líderes locales de prohibirles participar en los comicios.

Se trata de un deprimente recordatorio de que hay aspectos de la cultura política de Pakistán que continúan alejados de los ideales democráticos que han caracterizado la lucha por la democracia en ese país.

Las mujeres pakistaníes sirven en la fuerzas armadas y cada vez más mujeres ingresan a la policía, arriesgando su vida para proteger a sus conciudadanos y servir a su país. Tan noble sacrificio y contribución debería ser motivo de orgullo nacional, y no despreciado por unos pocos que erróneamente creen que su género las descalifica para votar.

No hay lugar para dichas prácticas en una sociedad democrática. Deberían ser rechazadas y cuestionadas de manera constante por quienes adhieren al concepto de democracia multipartidaria y se han comprometido a fortalecer el sistema democrático en Pakistán.

Surgió un rayo de esperanza con la protesta y repudio de las organizaciones de la sociedad civil locales determinadas a denunciar lo que está sucediendo, y la voluntad de los medios de comunicación de atraer la atención hacia estos casos. Sirve de recordatorio a quienes creen que estas prácticas pueden justificarse bajo fundamentos culturales, que otros en Pakistán piensan distinto y no están dispuestos a guardar silencio.

Pero el rechazo retórico solo no será suficiente para prevenir la recurrencia de tales prácticas. Se necesita legislación para hacerlas ilegales y exhortamos al Comité Parlamentario Especial para Reformas Electorales a prestar la debida atención a este asunto en vista de los acontecimientos recientes.

Los líderes de los partidos políticos, en particular, deben sumarse a las voces de repudio y sancionar a aquellos en sus filas que violen el etos democrático básico de sus respectivos lemas partidarios.

No hacer nada, o hablar poco, envía un mensaje equivocado que inadvertidamente corre el riesgo de crear un ambiente permisivo para que continúen y proliferen tales actividades.

Pero las consecuencias son mucho más amplias.

La inhabilitación de las mujeres para votar, y la violación consciente de sus derechos básicos, hacen mucho más difícil que Pakistán pueda articular un discurso verosímil ante el mundo de país que avanza, de sistema democrático que evoluciona, de su deseo de convertirse en un ejemplo de progreso. Pone en duda qué tipo de país quiere ser Pakistán: una democracia circunscrita o plena.

No se pueden alcanzar objetivos de desarrollo si a las mujeres se les niega una participación política significativa. Ningún país alcanzará su pleno potencial si sus ciudadanas no gozan de total igualdad. Los países que están logrando mayores progresos con el cumplimiento de los ODM son aquellos que tienen sistemas de gobierno local vibrantes con énfasis en el desarrollo participativo.

La participación activa de todos los miembros de las comunidades locales, especialmente las mujeres, en los procesos decisorios es crucial para mejorar las condiciones de vida y asegurar que se cumplan los objetivos de desarrollo sostenible.

Si a las mujeres se les niega su legítimo rol como agentes de cambio claves, se corre el riesgo de que en el futuro la historia sea de atraso en el desarrollo y objetivos sin cumplir. En el difícil contexto de Khyber Pakhtunkhwa, este escenario entorpecería gravemente los esfuerzos colectivos para promover la estabilidad en la provincia.

En Khyber Pakhtunkhwa, y en escenarios similares en todo el mundo, una historia como esta no tiene ganadores.

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