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Más que “Dos hombres y medio” para poner fin al sida

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Dos hombres encienden velasDos hombres de la Red Ucraniana de Personas que Viven con el VIH enciende velas en el Día Mundial de Lucha contra el Sida. Foto: PNUD

La revelación de que una de las estrellas más controvertidas de Estados Unidos, Charlie Sheen, es portador del VIH, ha ocasionado un revuelo mediático. Muchas de las noticias han sido sensacionalistas, poniendo énfasis en sus múltiples matrimonios y sus dificultades con las adicciones. Las respuestas han sido mixtas, la mayoría dominada por los prejuicios y las acusaciones de carácter moral. Las redes sociales reaccionaron y #Charliesheen se convirtió en tendencia mundial.

La conclusión que podemos sacar es que el estigma continúa impulsando la epidemia del VIH, tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo. Treinta años después, los medios de comunicación aún están obsesionados con el sensacionalismo del VIH, y las noticias que genera están plagadas de conceptos erróneos e información falsa sobre la enfermedad.

La revelación de una de las estrellas más grandes de la historia reciente ha vuelto a despertar el interés en una enfermedad que ya causaba indiferencia. Una enfermedad que, aunque registra una disminución del número de casos en algunas regiones, ha aumentado en el mundo occidental, el Medio Oriente, el Norte de África, Europa Oriental y Asia Central.

Según ONUSIDA, a nivel mundial casi 5.500 personas por día contraen el VIH y deben convivir con esta realidad. Y el caso de Sheen resalta una serie de problemas que deben enfrentar:

·         El estigma y la vergüenza que desafortunadamente aún acarrea el VIH.

·         El temor de hacerlo público: contarle a los amigos y familia y la reacción que pueda tener una posible pareja nueva, colegas y otros.

·         El tema de dar tratamiento criminal a quienes no revelen su condición seropositiva a sus parejas y la posibilidad de acusarlos por exponerlas al virus o trasmitirlo. En algunos países, una vez que se le diagnostica el VIH, la persona puede ser acusada de intento de homicidio si mantiene relaciones sexuales (sin protección) con su pareja.

Hay algunos ejemplos. El estigma y la discriminación están por todos lados: en nuestras comunidades, hospitales, oficinas y escuelas. No sorprende que las tasas de la prueba del VIH sean más bajas que nunca. ONUSIDA estima que más del 50% de las personas seropositivas no saben que viven con la enfermedad.

Mientras tanto, el VIH se considera cada vez más una enfermedad crónica, controlable como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares. Y hay razones para ser optimistas. Mejores opciones de tratamiento han prolongado la esperanza de vida. Las investigaciones han demostrado que al estar bajo tratamiento y tener una carga viral indetectable se reduce el riesgo de la transmisión del VIH a las parejas sexuales, y se aplica la profilaxis pre exposición (PrEP) como herramienta de prevención que protege contra la transmisión del virus.

Sin embargo, esta revaluación de la respuesta médica del VIH refuerza la noción de que el tratamiento es la solución mágica. Pero no nos engañemos. No podemos escapar de la epidemia sólo con el tratamiento. Si no implementamos programas de protección integrales y combinados, ni abordamos el estigma y la discriminación, si no tenemos leyes y políticas vigentes que protejan a las personas que viven con el VIH y las alentamos a utilizar los servicios de protección y tratamiento, no veremos el fin de la epidemia del sida.

Esperemos que en el futuro cercano, todas las personas que viven con el VIH o aquellas que reciben un diagnóstico positivo puedan liberarse del secreto y el aislamiento y sentirse seguras y orgullosas si lo revelan.

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