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Las mujeres afrobrasileñas salen a la calle. ¿Por qué no ocupar también escaños en el Parlamento?

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March of Black WomenMás de 20.000 mujeres salieron a las calles el 18 de noviembre en Brasilia llamando a la protección de los derechos humanos. Foto: Vinícius Carvalho/Marcha de las Mujeres Negras

“El poder [en nuestra región] es machista, blanco y viejo”, afirmó Creuza Oliveira, Presidenta de la Federación Nacional de Trabajadoras Domésticas  de Brasil. Las palabras de Creuza durante la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe convocada por la CEPAL y el PNUD hicieron estallar en llanto a muchos ministros y representantes de países, tanto hombres como mujeres.

Sus palabras dan testimonio de la experiencia de los afrodescendientes, que representan aproximadamente el 30% de la población de América Latina y el Caribe. En toda la región, las y los afrodescendientes se enfrentan a la discriminación y experimentan niveles desproporcionados de pobreza y exclusión social. A menudo son víctimas de formas múltiples y concomitantes de desigualdad basada en otros factores como el género, la religión o la discapacidad.

Creuza comenzó a trabajar como empleada doméstica cuando tenía apenas 10 años, en el estado nororiental de Bahía, en Brasil. Trabajando largas horas durante el día y estudiando de noche “cuando el patrón lo permitía”, logró terminar la escuela primaria a los 16 años y la escuela secundaria a los 32, según me relató en una entrevista que le hice en Lima (Perú).

Las mujeres negras constituyen el 62% de los trabajadores domésticos del Brasil, según cifras oficiales. Más del 70% de estos no tiene un contrato formal de trabajo. Además, el 60% de las mujeres que mueren durante el parto son negras. Y los datos oficiales indican que en los últimos diez años el número de asesinatos de mujeres negras aumentó el 54%.

Para poner de relieve estas cifras alarmantes, más de 20.000 mujeres salieron a la calle durante la Marcha de las Mujeres Negras el 18 de noviembre en Brasilia, en la que se instó a proteger los derechos humanos y se alentó a la sociedad a valorar la cultura afrobrasileña. Varios organismos de las Naciones Unidas, entre ellos el PNUD, respaldaron la marcha, y la Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres Phumzile Mlambo Ngcuka participó en el acto y formuló un llamamiento a la protección de los derechos de las mujeres.

Activista Creuza OliveiraCreuza Oliveira es presidenta de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar, que cuenta con 7,2 millones de trabajadores afiliados, la mayoría de ellos mujeres y negros. Foto: Valter Campanato/Agencia Brasil

Creuza Oliveira señala la estructura de poder en la región, en particular en el Brasil. Si bien la proporción media de mujeres en los parlamentos de la región de América Latina y el Caribe es del 27% (superior a la del promedio mundial del 22,5%), en Brasil menos del 10% de los miembros del Parlamento son mujeres, según la Unión Interparlamentaria.

Salir a la calle es un paso importante. Sin embargo, también es fundamental impulsar la participación de la mujer en la adopción de decisiones a todos los niveles. Como dijo la Administradora del PNUD, Helen Clark, el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente” es un fuerte factor para que las prioridades y necesidades de las mujeres no sean tomadas en cuenta. Por el contrario, cuando hay una masa crítica de mujeres en puestos de tomada de decisiones, las cuestiones que anteriormente no se trataban, pueden pasar a ser prioridades.

Pregunté a Creuza si pensaba dedicarse a la política en el futuro. Dijo que ya lo había intentado una vez, pero que había gastado todo su dinero procurando obtener un escaño en la Cámara Baja del Parlamento y no lo había logrado. “Romper el ‘techo de cristal’ es difícil”, dijo. “Más aún, para una mujer negra.”

Las sociedades necesitan más mujeres en el poder en todos los niveles, más mujeres dirigentes como Creuza, y más mujeres negras en los puestos con poder de decisión. Mientras las mujeres salen a la calle en Brasilia, un paso fundamental, trabajamos en favor de un futuro en que un mayor número de ellas, incluidas mujeres indígenas y afrodescendientes, también ocupen escaños en el Parlamento.

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