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La historia de Bashi y el presagio de una crisis más profunda

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juventud somalí Jóvenes somalíes participan en entrenamiento vocacional y educativo en Burao, Somaliland. Pero con el crecimiento poblacional de África, el número de personas escapando conflictos en países como Somalia continuará aumentando. Foto: PNUD Somalia

Cuando leas las noticias de Sicilia y Calais y Grecia, espero que recuerdes a Bashi*, un joven africano entre los muchos que actualmente se encuentran en un campamento de migrantes en Europa.

Conocí a Bashi en 2011 en Kenya. Tenía confianza en sí mismo y era elocuente. Con el paso del tiempo lo conocí mejor, pero nunca pensé que se uniría a los jóvenes africanos que hacían el peligroso viaje en busca de un nuevo comienzo.

La historia de Bashi empieza en Somalia. A los 14 años cruzó la frontera hacia el norte de Kenya para huir de un conflicto que se intensificaba. Terminó en Dadaab, uno de los campamentos de refugiados más grandes de África, con más de 350.000 personas.

Después de unos años, Bashi hizo otro viaje audaz hacia Nairobi, en busca de trabajo y educación. Es ilegal, según la ley de Kenya, que los refugiados abandonen el campamento, pero Bashi se "camufló" en el barrio predominantemente somalí de Eastleigh. Fue camarero de día y estudiante de noche, tratando de asegurarse que las circunstancias de su nacimiento no fueran un peligro para su futuro.

Cuando lo volví a ver en 2014, me quedó claro que Bashi se preocupaba por su futuro. Las cosas habían cambiado para los somalíes en Kenya  desde la intensificación de las actividades de al-Shabaab. Parecía hundido, pero mantenía su ánimo emprendedor. Últimamente me enteré de que Bashi había salido de Kenya, después de ahorrar US$ 4.500 para el viaje. Eligió Suecia porque había oído que es un país de tolerancia, oportunidades y acceso libre a la educación.

Una serie de "intermediarios", de hecho contrabandistas, llevaron a Bashi a través de diferentes segmentos de su viaje durante el cual se encontró con sirios, afganos, sudaneses y eritreos, todos unidos en su rechazo por aceptar la vida que les había dictado la geografía y las circunstancias. En Belgrado, Bashi se quedó sin dinero. Luego lo detuvieron en su camino hacia Alemania y lo enviaron a un "campamento de retención" en Salzburgo, donde se encuentra aún.

La historia de Bashi es similar a la de millones de europeos que emigraron a los Estados Unidos en el siglo XIX. Como es el caso de los migrantes de hoy, esos europeos huían de la pobreza, la discriminación y los conflictos. Bashi, como la mayoría de esas personas, podría contribuir de manera considerable a cualquier nación que le diera asilo.

A medida que la población de África crece, la cantidad de personas que cruzan los desiertos y los mares seguirá aumentando. Las respuestas se han centrado sobre todo en la aplicación de la ley, pero es claro que las barreras y el alambre de púa no detendrán a las personas que están dispuestas a arriesgar sus vidas.

No podemos evitar las decisiones firmes que son necesarias para absorber e integrar a la cantidad enorme de personas que ya han llegado a Europa y que no pueden ser repatriadas a los países en conflicto. Los Bashis de este mundo no vienen motivados por el estado benefactor europeo, sino que los atraen la paz, las oportunidades de desarrollo, el empleo y el sistema jurídico que promete igualdad y protección.

Los países africanos deben preguntarse por qué sus jóvenes se ven forzados a irse. El hacer que el continente sea atractivo política y económicamente para los jóvenes debe ser una respuesta prioritaria. Otro paso positivo podría ser el aliviar las restricciones para los que buscan asilo y para los inmigrantes económicos dentro de las fronteras africanas. África ya tiene la mayor proporción de migrantes africanos, quienes a menudo tienen que luchar por obtener la ciudadanía o el derecho a trabajar legalmente.

En un mundo cada vez más desigual e impredecible, los desposeídos se rehúsan a sufrir en silencio. Si sus acciones no obtienen mayores inversiones en el desarrollo, la prevención de conflictos y la solidaridad mundial, las crisis actuales simplemente anunciarán un mayor éxodo en el futuro.

  • *Bashi es un apodo, cuyo uso es común en Somalia

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