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La ruta inseparable entre el desarrollo humano y la gestión integral del riesgo

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Los desastres en la región ponen de manifiesto la urgencia de brindar alternativas que mejoren las condiciones de vulnerabilidad, especialmente en zonas no aptas para vivienda. Foto: PNUD Guatemala

Guatemala está de luto tras la tragedia ocurrida el 1 de octubre, en el que quedaron sepultados 125 hogares en El Cambray II, muy cerca de la capital. Hasta el momento, se han encontrado 260 personas fallecidas, se ha rescatado y trasladado a albergues a 386 y unas 350 permanecen desaparecidas.

Este tipo de tragedia no es nueva ni excepcional, al contrario, ocurren con demasiada frecuencia cada invierno, cuando se saturan los suelos por lluvia. No obstante, El Cambray se encuentra a un paso de la ciudad, no lejos de uno de los centros comerciales más cotizados. La conexión entre centro y periferia quedó expuesta con todos sus contrastes e incongruencias. De ahí el sentimiento de indignación que ha acaparado la atención nacional e internacional, y que nos lleva a preguntarnos ¿cómo es posible?.

La explicación inmediata radica en la descripción de los fenómenos naturales: las sequías, tormentas tropicales, el niño o la niña. En efecto, vivimos en sociedades en riesgo, exacerbado por el cambio climático. Pero el desastre es el resultado de una construcción social, histórica, que puede y debe ser prevenida reconociendo las vulnerabilidades y gestionando de manera integral los riesgos.

Ahí yace la verdadera tragedia: reproducir condiciones de vulnerabilidad que construyen y reconstruyen, muchas veces, los mismos riesgos, como resultado de la actividad humana. Desde el enfoque de desarrollo humano, nos referimos a las privaciones que limitan las libertades para vivir una vida digna; a las condiciones que excluyen, marginan y promueven círculos viciosos que orillan a las personas a vivir en condiciones donde abundan los riesgos.

De hecho, a nivel mundial se constata que la exposición de las personas y los bienes ha aumentado con más rapidez de lo que ha disminuido la vulnerabilidad. Sin embargo, un alud no afectaría de la misma manera a Noruega o Canadá, países cuya estabilidad alimentaria, salud e infraestructura resiliente, entre otros, los califican como países más preparados ante fenómenos naturales y el cambio climático. Mientras tanto, Guatemala figura entre los primeros diez países más vulnerables a desastres. Y la tendencia a los mismos se ha incrementado en las últimas décadas. En Centroamérica, desde el huracán Mitch (1998) se han contabilizado 11 millones de personas afectadas con daños que superan los US $3.900 millones.

El Cambray nos empuja a ir más allá de las descripciones físicas del país; a ver, detrás de las gráficas y las estadísticas, a las miles de vidas afectadas, así como a reconocer las construcciones sociales que necesitamos des-hacer para poner fin al ciclo de la reproducción de riesgos. Todo apunta a la necesidad de trabajar en la identificación, conocimiento y concientización de las causas subyacentes del riesgo en todos los niveles de la población.

El PNUD ha acompañado la gestión de riesgos, y ha podido constatar los avances mediante la promulgación de políticas, normas, planes y desarrollo de procesos de formación, enmarcados en los acuerdos y marcos internacionales, tales como la Política Centroamericana de Gestión Integral de Riesgo y el Marco Nacional de Recuperación. Además de los costos humanos, los costos para responder recurrentemente a las emergencias son mucho más altos de lo que representaría la inversión en la prevención de los riesgos.

Tomando como referencia el Marco de Sendai, que coincide con la Agenda 2030, nos encontramos en el momento apropiado para trazar la ruta desde los planteamientos y líneas estratégicas de la región y del país. Los desastres en la región ponen de manifiesto la urgencia de brindar alternativas que mejoren las condiciones de vulnerabilidad, especialmente en zonas no aptas para vivienda, y reforzar el trabajo con instituciones públicas, organizaciones no gubernamentales, sector privado y ciudadanía para generar resiliencia en las comunidades.

América Latina y el Caribe Guatemala Reducción del riesgo de desastres Cambio climático y reducción del riesgo de desastres Energía Desarrollo sostenible

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