• ¿Qué puede aprender EE.UU. de América Latina sobre disminución de la desigualdad? | Heraldo Muñoz

    01 feb 2014

    Programas como el Bolsa Familia han ayudado a reducir la pobreza en América Latina
    Programas como el Bolsa Familia han ayudado a reducir la pobreza en América Latina. Foto: PNUD Brasil

    A medida que aumenta el debate sobre la desigualdad en EE.UU., ¿qué lecciones se pueden obtener de América Latina, que aún con altos niveles de desigualdad, ha sido la única región que ha logrado reducir la desigualdad de los ingresos en la última década?

    A pesar de ser la economía más grande del mundo, EE.UU. tiene el mayor índice de desigualdad entre los países industrializados. En 1979, el 20% superior de los estadounidenses percibió el 43% de los ingresos, mientras que el 1% superior recibía el 9%. No obstante, hoy el 20 % superior de la población percibe más del 50% de los ingresos antes de impuestos, en tanto que el 1% superior recibe cerca del 15%.

    América Latina ha reducido la pobreza y se ha ido convirtiendo en una zona de ingresos medios. En 16 de 17 países se ha producido una importante disminución de la desigualdad del ingreso en los últimos 10 años. ¿Cómo lo logró?

    Primero, casi la mitad de la disminución de la desigualdad se debe a mejoras en los ingresos del trabajo doméstico. El crecimiento económico ha generado una mayor demanda de productos nacionales, aumentando la fuerza de trabajo y los salarios. Esto ayudó a reducir las diferencias salariales entre los trabajadores con título universitario y los que no lo tienen. En EE.UU., esta disparidad en la educación aumentó en los últimos años.

    Segundo, América Latina es el líder mundial en programas sociales que ofrecen ayuda financiera a personas que viven en la pobreza, con la condición de que mantengan a sus hijos en la escuela y den seguimiento a chequeos médicos. Estas transferencias alcanzan entre el 0,5% y el 3% del PIB, pero representan casi un tercio de la disminución de la desigualdad y son la principal vía para la reducción de la pobreza en 18 países de la región, beneficiando a 113 millones de personas. Las transferencias sociales no pueden sustituir servicios sociales ineficientes, pero han logrado transferir recursos financieros sin mucha intermediación.

    En EE.UU., aunque la tributación suele ser progresiva, es más débil en transferencias sociales directas. El crédito por ingreso del trabajo es el componente clave de la política fiscal redistributiva, pero funciona a través del sistema tributario, que a menudo no alcanza a los hogares más pobres y quedan al margen de las redes de seguridad social y los mercados de trabajo.

    Por último, un "dividendo demográfico" (la reducción de las tasas de fertilidad y el aumento de la esperanza de vida) en América Latina permitió que se ampliara la participación en el mercado del trabajo.

    En EE.UU., lo más cercano a un dividendo demográfico sería una reforma integral de la inmigración, permitiendo una afluencia de trabajadores legales al mercado laboral, con los efectos multiplicadores que impulsarían las economías locales. 

    América Latina se ha visto obstaculizada por siglos de discriminación de clase, raza y género, pero puede dar lecciones a Estados Unidos, donde el sistema de protección del empleo fue diseñado para una economía en auge, no tambaleante. Si bien el crecimiento económico en el mundo desarrollado sigue siendo tenue, las medidas redistributivas exigen una mayor acción preventiva en las políticas sociales que en los mercados laborales. Esta es una lección clave de América Latina: los mercados sólo pueden contribuir hasta cierto punto a reparar las brechas de la desigualdad.