• Gobernar para las élites: manos privadas sobre la democracia | Ricardo Fuentes-Nieva

    24 ene 2014

    Mujeres venden artesanias en Paraguay
    SEGÚN UN INFORME DEL PNUD QUE SERÁ LANZADO LA PRÓXIMA SEMANA, LA DESIGUALDAD DEL INGRESO AUMENTÓ UN 11% EN PAÍSES EN DESARROLLO ENTRE 1990 Y 2010. FOTO: PNUD Paraguay

    Siete de cada 10 personas viven en países donde la desigualdad económica ha aumentado en los últimos 30 años. En el informe lanzado esta semana, Nick Galasso, de Oxfam Estados Unidos, y yo analizamos el actual crecimiento de la concentración del ingreso y la captura política que tanto preocupó a Roosevelt.

    Primero: los ricos se están haciendo más ricos, más rápido. La mitad más pobre del mundo, 3.500 millones de personas, posee un total de $1.7 billones de dólares en riqueza (menos de $4.000 dólares por adulto). Similar a la riqueza que poseen las 85 personas más ricas del mundo. En los Estados Unidos, el 1% más rico ha acaparado el 95% del crecimiento económico posterior a la crisis financiera entre 2009 y 2012, mientras que el 90% con menos recursos se hizo aún más pobre.

    Segundo: la creciente concentración del ingreso y la riqueza está estrechamente asociada con el poder político y la influencia. Esto puede sonar obvio, pero es olvidado fácilmente. Ya sea a través del lobby, financiamiento de las campañas o de evitar la regulación, los ricos ejercen su poder en cómo se gobierna el resto de la sociedad. En “Gobernar para las élites” analizamos el mecanismo por el cual la riqueza entrega influencia política, que a su vez genera mayor riqueza para unos pocos elegidos.

    La influencia desigual de los ricos ocurre a través de diferentes canales. Tomemos el ejemplo de México y Carlos Slim. Slim es el CEO y presidente de América Móvil, que controla casi el 80% de los servicios de telefonía fija y el 70% de los servicios de telefonía móvil en el país.

    Este casi monopolio ha tenido un costo significativo y sostenido para la economía mexicana y para los mexicanos, los que han pagado precios exagerados por el uso de las telecomunicaciones.  En otras palabras, todos los días hay una transferencia de dinero (una redistribución de clase) desde mexicanos comunes al hombre más rico del mundo.

    Tercero, un punto más sutil: cuando la riqueza y la influencia política están exclusivamente en manos de una minoría privilegiada, esta minoría cosecha además todos los beneficios de la educación y el mercado laboral. La movilidad social desaparece y grupos de personas quedan excluidos de la sociedad. La justicia no existe  cuando el éxito es el resultado de un sistema que solo beneficia a aquellos que tienen poder y riqueza

    Concluiré con una advertencia. Las grandes y crecientes concentraciones del ingreso y la riqueza representan una amenaza a sociedades estables e inclusivas – la distribución desigual de la riqueza distorsiona las instituciones y erosiona el contrato social entre ciudadanos y el Estado. Esto ha sucedido antes y si no ponemos atención a esta tendencia preocupante, puede volver a ocurrir.

    Cuéntanos: ¿Cómo podemos ayudar a reducir la desigualdad económica y romper el círculo vicioso de la riqueza y el poder?